En los profundos valles verdes de la Galicia del norte de España, los viñedos en terrazas descienden abruptamente hacia el río Miño. Antiguos monasterios se aferran a las paredes de roca. En este paisaje, la Ribeira Sacra atraviesa una transformación silenciosa. Durante mucho tiempo pasada por alto, esta región rural del noroeste de España está ganando hoy una nueva relevancia.
En el corazón de este territorio, a las afueras del pequeño municipio de Pantón, se encuentra el Pazo de Ferreiroá, una casa señorial cuya historia está estrechamente ligada a la evolución histórica y social de Galicia.
- Una propiedad rural en transformación
- Arquitectura de un pazo gallego
- La restauración de la familia Palacios
- La Ribeira Sacra
- Seis siglos sin borrar ninguna capa histórica
Una propiedad rural en transformación
Las primeras referencias se remontan a las estructuras medievales de Galicia en el siglo XV, cuando el territorio estaba dividido entre linajes nobiliarios, monasterios y señores locales. A comienzos del siglo XVIII, este pazo gallego tradicional –denominación que en Galicia identifica a las casas señoriales vinculadas a la pequeña nobleza rural– adquirió la configuración que conserva hoy y pasó a funcionar como centro de gestión y residencia del conjunto patrimonial.
En aquella época, las tierras eran administradas por las familias Pallares y Gayoso, ambos linajes consolidados en la historia nobiliaria gallega. En 1816, el cabeza de la línea Pallares recibió el título de Conde de Pallares, lo que reforzó la posición de la familia dentro de la nobleza regional. Posteriormente, mediante matrimonios y herencias, la propiedad cambió de manos; a finales del siglo XIX pasó a la familia Pardo Salgado y quedó vinculada al linaje Arias del Pazo de Maside.
Los escudos heráldicos en las fachadas de granito siguen reflejando hoy esta historia. Apellidos como Losada, Osorio, Quiroga, Somoza, López-Lemos y Saavedra dan testimonio de siglos de alianzas familiares y continuidad patrimonial.

Arquitectura de un pazo gallego
El pazo ha sido siempre el núcleo de un conjunto más amplio de tierras y caminos productivos. El portal de entrada refleja el estatus y la simbología del edificio: la cruz pétrea en la cumbrera y el escudo heráldico son los elementos que identifican su carácter señorial.

La planta se organiza en forma de U: tres alas rodean un patio central, al fondo del cual una escalera de granito con balaustradas conduce a la "planta noble", la planta principal de residencia.
Esta organización espacial es característica de este tipo de arquitectura y refleja una estructura social histórica. El pazo acogía al clero, a la nobleza y a sus invitados; la biblioteca, el comedor y el salón de recepción funcionaban como escenarios de la vida social formal. Bajo el edificio se conserva una bodega de piedra de unos 300 metros cuadrados, testimonio de la tradición vitivinícola de la Ribeira Sacra desde la época monástica.

Entre los elementos funcionales del pazo destaca también el hórreo. Este granero tradicional gallego, construido en piedra o madera y elevado sobre pilares para proteger las cosechas de la humedad y los roedores, es uno de los elementos más reconocibles del paisaje rural del norte de España.

La restauración de la familia Palacios
Cuando Manuel Palacios y su familia asumieron la propiedad, se enfrentaron a una decisión clave: preservar o transformar. Optaron por la conservación. Se restauraron las cubiertas, se reforzaron las estructuras de madera y se consolidaron los elementos constructivos dañados. Los interiores conservaron su carácter original: cofres antiguos, mesas talladas y mobiliario tradicional gallego conviven sin artificio. Textiles bordados, encajes y piezas históricas recorren la casa como una forma de memoria material. El resultado es coherente porque nada se impone sobre lo que ya existía.


Marco legal para castillos, palacios y pazos: protección del patrimonio en España.

La Ribeira Sacra: viñedos, monasterios y valles fluviales en silencio
Más allá de las cinco acres (dos hectáreas) de parque del pazo, comienza un paisaje moldeado durante siglos por la actividad agrícola. La Ribeira Sacra, que abarca partes de las provincias de Lugo y Ourense, debe su nombre a la Edad Media: "Ribera Sagrada", en referencia a la extraordinaria concentración de monasterios a lo largo de los ríos Miño y Sil. Fueron las comunidades monásticas las que introdujeron el cultivo de la vid y trazaron las terrazas que aún hoy se mantienen en uso. La región cuenta con Denominación de Origen protegida y está ganando reconocimiento internacional. Durante mucho tiempo permaneció fuera de los circuitos más conocidos del vino en España; hoy es uno de los paisajes vitivinícolas más auténticos y mejor conservados del país.
El valle de la Ribeira Sacra es tranquilo, pero no aislado. Ferreira de Pantón cubre los servicios cotidianos. Monforte de Lemos se encuentra a unos quince minutos y cuenta con colegios, centros de salud y conexión ferroviaria. Ourense, Santiago de Compostela y Vigo están a aproximadamente noventa minutos.

Pazo de Ferreiroá: seis siglos sin borrar ninguna capa
El Pazo de Ferreiroá no destaca por su monumentalidad, sino por su superposición histórica. Restos medievales, estructuras nobiliarias y una restauración contemporánea conviven sin que ninguna etapa haya eliminado la anterior. En la Ribeira Sacra es una de las pocas casas que ha conservado íntegramente su identidad arquitectónica e histórica.

