La nobleza, las grandes familias propietarias y, desde el siglo XIX, la burguesía industrial y comercial dejaron su huella en la arquitectura europea. En España, este patrimonio incluye castillos, palacios, casas señoriales, pazos gallegos y monasterios. En otros países europeos destacan también las mansiones históricas y las grandes residencias construidas por industriales entre finales del siglo XIX y principios del XX. Cada edificio refleja la época y la región en las que fue construido.
La conservación y gestión de estos inmuebles plantea retos importantes, desde la rehabilitación energética hasta la elección de un uso adecuado. No todas las propiedades admiten una explotación hotelera ni todos los modelos de negocio resultan viables. Algunos edificios acogen actividades culturales o espacios de trabajo; otros mantienen su uso residencial. Para muchos propietarios, conservar y habitar una propiedad histórica es una decisión familiar o personal.